Se cuenta que hace una buena cantidad de años,
en caleta Ránquil, comuna de Lebu, un viejo pescador solterón apareció en su
bote con una reineta de color púrpura que medía casi dos metros. Relató a los
curiosos que originalmente era una sirena con la que tuvo un romance en alta
mar, pero que ésta le había dicho que prefería transformar todo su cuerpo en
pescado, para así poder alimentarlo, antes que darle un amor imposible. Los
lugareños estallaron en risas, sin salir del asombro ante tamaña especie
desconocida.
La vendió en bastante dinero. Muchos
afirman que cuando vio cómo la faenaban, una expresión de nostalgia invadió su
rostro, y unas tímidas lágrimas hicieron acto de presencia.
Me encanta cómo toma un mito universal y el enfoque que le da. Siempre hemos escuchado que las sirenas se transformas en mujeres completas, o que matan a los hombres despechadas por la condena de no poder disfrutar sexualmente dada su condición de mitad pez. En este caso, ella se transforma en pez para alimentar al pescador. Una muestra de mor incondicional. Mucho más cercano al mito de nuestras toninas.
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