miércoles, 18 de enero de 2017

047. UNA AUSENCIA INSEPARABLE

No recuerdo a mi Padre jugar conmigo, ni menos salir de paseo a algún lugar de Lebu. No recuerdo a mi Padre verlo sentado en frente a un acto escolar, tocando mi guitarra, cantando o recitando poesía. No recuerdo a mi Padre disfrutar juntos de mis cumpleaños, con payasos, títeres y magos, con primos y amigos infaltables. No recuerdo a mi Padre entregarme al altar, verlo llorar de alegría por verme avanzar en un nuevo proyecto de vida. ¿Pero saben? Eso no me entristece. Ya que si recuerdo un Padre que me entregó todo aquello que siempre necesitaba para jugar. Clases de guitarra y canto nunca faltaban. Mis cumpleaños adornados con sorpresas, él con sus manos los hacía. Sus besos y susurros de amor al oído nunca faltaron ni en las mañanas ni en las noches. Mi Padre, minero del chiflón, en la oscuridad de casa feliz salía y en la oscuridad cansado llegaba.

O. J. Medina





046. ETERNA SOLEDAD

El silencio es agobiante. Mis pensamientos retumban en el lugar, oscuro, sin vida. No existe día, no existe noche, tan sólo el momento.
Una risa a la distancia me despierta al fin en un sueño eterno. Busco desesperado el origen. Muchas entradas, pero ninguna salida. Voces, palabras y música inundan mi mente, alimentándolo sin llenar, insaciable. La risa otra vez, más cerca me acoge.
Me acerco cuidadosamente, sin llamar la atención. Observo en silencio tratando de no cometer de nuevo aquel error, espantados por mi imprudencia, la soledad por mucho tiempo fue insoportable.
Grita, canta y baila. El niño se detiene brusco. Gira a su alrededor buscando su retorno. Se ve asustado, solloza inmóvil y perdido. Pero cuando mi alegría se acrecentaba, una luz nos rodeaba llamando al pequeño. Él corrió aliviado al encuentro perdiéndose, ambos, hacia el exterior.
Ya habrá otra oportunidad pensé. Yo, Benavides, disfrutará con alguien mi tesoro, eternamente.

O. J. Medina






045. UN ADIÓS INESPERADO

Como todos los días, temprano, con mi fiel amigo de casa salía. Un viejo perro ágil y divertido, que a pesar de su avanzada edad corría decidido. De muy pequeño ambos estuvimos, con él a mi lado crecimos. 
En ocasiones se detenía, me echaba un largo vistazo con su lengua agitada y proseguía. Sus movimientos eran torpes y graciosos, a causa de su grave enfermedad que los provocaba contagioso. El camino hacia nuestro destino era el mismo, empinada cuesta que nos esforzábamos con ahínco. Por un segundo miré la hora distraído y de mi amigo a mi vista se había perdido.
Llegaba a la cima cansado y preocupado, a la distancia contemplaba la cruz blanca e iluminada. Debajo, protegido, mi viejo amigo yacía echado inactivo.
Consciente de su partida, lo acompañaba con mi brazo sobre su lomo, acariciándolo como despedida.
Contemplé a distancia su gran ciudad hermosa, quien lo acogió con cariño, amor y grandeza.

O. J. Medina

lunes, 16 de enero de 2017

044. CÓMO APRENDER A NADAR

Los domingos en el Valle son para diversión familiar. Lihuén oye a su abuelo diciendo (para toda ocasión) "los remolinos son tan fuertes que es difícil mantenerse a flote". Descubre que no puedes manejar la profundidad. Lejana oye una voz dulce "no entres en pánico". No puedo mover mis extremidades. Recuerda "no tratar de nadar en contra de la corriente". Debes flotar y no patalear. Sigue con la mirada mientras se dirige a otro ducto, ingresa y los espacios son confinados y saturados de agua. Los pensamientos e imágenes vuelan en sus ojos. Adiós Pichiche, fue la última palabra que oyó con nitidez. Lihuén sale somnoliento del agua mira y pasa a sonochar su cuerpo en la margen izquierda del Leufu. En algún tiempo llegan los rescatistas con la bolsa termosellada.  

Julio Petermann











043. DEMASIADO TEDIOSO

Joan y Berto hablan del "mal amor", aquel amor imposible por culpa de una maldición de las monjas trinitarias de Concepción y no perciben que las maldiciones no prohíben enamorarse. Una maldición lanzada por alguien herido que no se ayuda mucha para ganarse la estima de nadie. Joan y Berto sueñan sentados en el aterrado bar y quieren sus amores de antes, sin embargo ellos existieron, pero se fueron por caminos diferentes y ya no quieren más volver para el pasado sin futuro de los que quedaron en la villa esperando el gran momento y pareció un tanto repetitivo que el futuro pasase y volviese, pasando una y otra vez. Ellas clasifican sus deseos (de ellos) como factitius, un chiste para no decir directamente hechizo y, como ya saben el final de la película, no la viven más.

Julio Petermann   












042. NO CUENTEN EL FINAL DEL LIBRO

No, no podía estar aconteciendo. Seis meses de espera por un libro y ahora ese habitual pasajero del ascensor destila lentamente cada detalle de la historia, sólo para impresionar a una chica tatuada y con pelos azules. Mi desesperación aumenta, porque estoy justo en el fondo, contra la pared del ascensor, apretándome para encajar los otros treinta pasajeros. Y el narrador feliz está llegando al final del libro y no cesa de hablar, no baja en cualquier piso, también no tiene una interrupción repentina de todas las cuerdas vocales. No puedo mover los brazos, la presión arterial sube, quiero enviarlo a Isla Mocha. El ascensor para de repente, la luz parpadea como un rayo, y cuasi comienza el pánico. Vuelve a subir. ¿Va a la planta superior? Entre entradas y salidas, llego a mi destino en estado de shock: ahora, yo sé lo que hizo Morgan Switt el invierno pasado.

Julio Petermann   












domingo, 15 de enero de 2017

041. OSCURIDAD EN LEBU

Y entonces simplemente ajusto mis patines y me olvido del mundo entero, olvido lo tarde que es, olvido que estoy de vacaciones, olvido que este viaje ha sido un desastre, olvido que mis padres no tomaron en cuenta que me desagrada la playa, olvido mis problemas, y sólo recuerdo que estoy en Lebu, que la noche está preciosa y que así es la mejor manera de conocer una ciudad, con la hermosa simplicidad de la oscuridad.

Milow