sábado, 25 de octubre de 2014

022 LA HISTORIA SIN TERMINAR

"La historia sin terminar" por Anónimo



Entonces se escuchó un grito y aprendí, a mi a Lebu, ante la sorpresa que viajar es jugar al olvido y eso es lo que deseo, olvidar los últimos meses.

Un viajero siempre sabe donde está la puerta del autobús que día a día le traslada al trabajo y yo ahora me siento desorientado porque he pasado de viajero a turista, sin un reloj que me marque las horas.

Levanto la mirada del diario y miro a la anciana que dormita a a mi lado, y me sorprendo cuando al mirar hacia afuera se confunde su imagen reflejada en el cristal con la mía.

Viajando se aprende a decir adiós y esa es la palabra que sale de mis labios cuando abandono el autobús, la que flota al llegar al bloque de apartamentos y entro en el mismo cerrando con suavidad los cerrojos, con la ilusión de un nuevo día. 





021 SIN MIRAR ATRÁS


"Sin mirar atrás" por Sofía Samadhi



El improvisado cartelito que el viento agitaba estrepitosamente en esa pintoresca estación de ferrocarriles decía: "De Lebu a Los Sauces".

No lo pensó dos veces y se fue.

-Me bajo en esta estación, gracias.

Con la mirada perdida en sus desolados recuerdos, bajó y no miró atrás, siguió avanzando, tomando con entereza su liviano y a la vez pesado equipaje y era tan hermoso el paisaje de libertad que sus ojos contemplaban, que decidió no volver el rostro a su cruel pasado nunca más.





viernes, 24 de octubre de 2014

020 ULTIMÁTUM

"Ultimátum" por Fran Vouillat



Pasaste veinte años ahogado en alcohol; mientras yo criaba hijos, y trabajaba, arrastrándote.

Decidí irme de Lebu.

Elige: tu familia o el frasco.

Esa noche, él dejó el trago.




jueves, 23 de octubre de 2014

019 CRÓNICA

"Crónica" por Mirage




Escucho los gritos de horror, todo mi ser se mueve y acelera el paso.

A medida que me voy acercando veo como pasa Lebu ante mis ojos como mancha de una amigable ciudad.

Un grupo de personas se lamentan de algo.

Otro grupo sólo observan inmóviles.

Cuando intento pasar, un hombre me detiene y me saca del lugar. Logro zafarme de ahí, comienzo avanzar.

Me tiritan las piernas, diviso una mancha roja y muerte a mi pesar.

Al llegar reconozco los ojos, el cabello y la camisa que mandé a lavar este día.

Es mi propio cadáver que yace inerte.

Se desangra...

No puedo dejar de mirar.




domingo, 19 de octubre de 2014

018 ABSORTO

"Absorto" por Damián


He visto amigos aspirar hasta su alma en locales muertos de humo y fermentación. He visto que su abstracción de la realidad es más confortable que la vida misma. “Es más bello morir como un buen hombre que como un monstruo ajeno a su entorno” me dijo una noche mi viejo amigo, aturdido con la pasta base y tumbado al costado de un botecito en aquella caleta de recuerdos de Lebu. Al cual  observaba y no veía más que un hombre alejado de parámetros y estándares comunes. Esos que nos cuadran en un círculo de convivencia lineal y que restringe la demostración exagerada de las emociones para no invadir el espacio síquico del otro.

Pasividad individualista de la que huí esa misma noche junto a mi viejo amigo, elevados por el efecto del humo abrazador y cariñoso de la hierba y los químicos.

017 LEBU


"Lebu" por Lalatia


-¿Cómo le vas a llamar? -le preguntó su vecina.

-Le llamaré Lebu, como una ciudad de Chile -respondió Eva-. Estuve allí hace años y me maravilló.

Eva es una mujer de setenta años que vive sola. Nunca pensó en responsabilizarse de un perro, pero este cachorro que encontró la noche anterior, escondido detrás de un cubo de basura, sacó a la luz su parte más tierna.

Lebu la miraba con sus ojos marrones y tiernos, moviendo su colita de alegría.

Eva supo que se quedaría con él para siempre, comprendió lo que  tantas veces le habían contado de lo increíble que es tener un perro y se sintió muy feliz.



sábado, 18 de octubre de 2014

016 A PUNTO DE SECARSE



"A punto de secarse" por Carlos Hennen


Arrugado como un fruto pútrido, con dos ojos defectuosos y unos siete huesos blandos: así me encuentro yo. El mismo poeta que recorría las húmedas calles de Lebu, aferrado a la suave mano, de una joven veinteañera, hoy recorre los laberínticos pasillos de su hogar, aferrado al torso, de un rígido bastón.
A excepción de ayer, claro, cuando envuelto por un éxtasis casi dionisíaco, salí de mi hogar y con las dificultades de una persona de ocho décadas, escapé en dirección a la costa. Una vez allí boté el bastón, toqué con mis pies resecos la arena y suspiré. El entorno me dio la impresión de que había retrocedido en el tiempo, mas yo seguía igual. Por lo que exilié mi mirada al final del resplandeciente mar de Arauco, pero sólo vi a la eternidad, riéndose de un caracol, a punto de secarse.