jueves, 16 de noviembre de 2017

007.- VIAJE DE IMPROVISO

Volvía de Santiago a su tierra natal Lebu porque de pronto su prima la llamó para anunciarle que se casaba. Apenas recordaba su hogar, pero lo extrañaba profundamente, se había ido para estudiar en la capital y terminó quedándose. Ahora se le presentaba la oportunidad perfecta para volver, llegó a eso de las once de la mañana y su anciana madre la estaba esperando con una sonrisa en el terminal Jota-Ewert. Juntas caminaron a la vieja casa donde ella había crecido y en la tarde fueron al cementerio a ver la tumba de su padre. A la mañana siguiente fueron al muelle donde ella había jugado cuando niña y después pasearon junto al río. Pasaron los días y llego el momento de la ceremonia y su prima se casó con un mapuche y su matrimonio fue según las tradiciones de él. Tuvo que volver a Santiago al día siguiente, pero regresaría pronto.

 Nazapi

006.- TUMBA VACÍA

Hoy, con más de ochenta años sobre mi osamenta, vuelvo a Lebu. Salí siendo joven a la pesca de la reineta y la misma galerna que me hizo naufragar, me arrastró allá donde el cachalote gigante, a Isla Mocha. Allí, amnésico, viví décadas. Al volver, encuentro mi nombre en una lápida del cementerio simbólico, en una tumba vacía. Los honrados en ese cementerio, al contrario que los sepultados en el común, son siempre esperados, nunca serán definitivamente dados por muertos, serán siempre tenidos por vivos. Así, la única forma que tengo para no morir nunca, para ser inmortal ante vosotros, para mantener eternamente viva la esperanza de que algún día volveré a cruzar vuestra puerta, es permanecer en el limbo de los que tenemos una tumba en este cementerio sin difuntos. Por eso me vuelvo sin ver a nadie, sin saber si estaréis ya todos en el cementerio o si aún me esperáis.

Jon Vijecnica

005.- CHIFLÓN "LA FORTUNA"

No sentía el miedo a la oscuridad. Se había acostumbrado al aislamiento. Recordó la primera vez que vio rostros negros cubiertos por el polvo. Su padre lo llevó a los ocho años a la mina y otros cinco los había trabajado allí. Durante su infancia neutralizaba la monotonía imaginando aventuras similares a las que su hermana le leía. Entonces la negrura húmeda de las entrañas de la tierra tomaba un aspecto más gentil. Pero hoy todo era muy distinto, un desmoronamiento del material lo había dejado aislado. La fantasía se había transformado en desesperación motivada por su deseo de sobrevivir.
Cinco horas demoraron en rescatarlo. Le dieron licencia los días siguientes. Antes de llegar a casa, decidió ir a playa Millaneco, caminó a través de la cueva hasta llegar a la arena. Se sentó y observó la belleza de las olas. Pensó: si me ocurriera nuevamente algo similar, imaginaría este trayecto hasta ver el mar.

Serrana Donoso

004.- ¡CANTINERO, SÍRVEME OTRA!

Quedé plasmado al ver tu cara impresa en la pared de ese lugar. ¿Acaso será que ya no eres mía? ¿Acaso será que tienes a otro?,
 Las lucas te las ganas vendiendo tu cuerpo, y yo, en una cantina pasando las penas. Me siento frustrado, decepcionado.
 Quizás deba marchar a Lebu, donde la playa me cobije, me levante, me sustente, me dé abasto, me olvide de ti. Quizás allá sea feliz, encuentre a otra, o tu cara sepa borrar de mis recuerdos.
 Espero irme pronto. “¡Cantinero, sírveme otra!, que quiero emborracharme para curar mi herida, para pasar mis penas bebiendo, para gastar las lucas en una buena causa”.

Membrillo Verde

003.- LLUVIA DE LEBU

Bajo el paraguas cubro mi rostro, mi cuerpo, mi espanto. Bajo el paraguas protejo mi integridad, cobijo mis miedos, los escondo. Bajo el paraguas me refugio de la lluvia de Lebu, un manto de aguas que caen y me humedecen, purifican mi cuerpo, me levantan.
Bajo este paraguas vuelvo a ser yo. La lluvia cae y yo camino, sigo mi rumbo sin nadie que detenga mi andar. Ahora, no hay quejas ni penar, sigo sin saber por qué llorar.

Membrillo Verde

002.- DE REGRESO A LEBU

Diez años pasaron desde que partí. A pesar de no extrañarte, siento no tenerte, mas solo perderte por haber emigrado a un nuevo lugar.
 Recuerdo esos aires de grandeza que me diste, aquel rugido del intrépido mar o el esfuerzo del minero por sustento. Quizás mañana vuelva a verte, o quizás algún día regrese, aún no lo sé.
Lo cierto es que, mi Lebu querido, te extraño y sigo extrañándote, como si mi partida hubiera sido ayer. Siento lamentarme que el mañana no llegará, y el regreso sólo será un éxodo hacia otro lugar.

Membrillo Verde

001.- SEÑAL

Alguna vez hubo dioses entre nosotros; admirables en más de un sentido. Pero el ser humano conoció a la envidia, la hizo emperatriz del mundo. Ésta mandó a cegar a millones, culpando de ello a las divinidades, quienes se exiliaron en el mar. Se dice que el día que la humanidad quiera ver otra vez lo realmente valioso, desde el faro de Lebu podrá avisarles a los dioses que es tiempo de que vuelvan.

Peter Petersen