viernes, 24 de febrero de 2017

128. LEBU, ENTRE SOMBRAS y ASOMBRO

Me habían hablado mucho acerca de la calma y de las bellas tonalidades de ese lugar de ensueños, pero cuando llegué, una jauría de perros me esperaba mirándome con los ojos muy abiertos y los dientes preparados como para terminar conmigo, por lo que decidí arrojarme al río y nadar con todas mis fuerzas hasta llegar a la otra orilla.
A pesar de mi agotamiento, al llegar al otro lado, me asombró el vivo espectáculo que se me presentaba: una cantidad incalculable de cabañas adornadas con luces de vivos colores que se encendían como guirnaldas iluminando la noche serena.
De repente, un escalofrío recorrió mi cuerpo y, sin razón aparente, comencé a sentirme muy enojado.
Comenzó a llover de manera torrencial. El ruido de los rayos y truenos era impresionante. Me quedé parado en el medio de la lluvia, cerré los puños, miré hacia el cielo y grité: "¡Pillán ha vuelto!".

Feroé

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