viernes, 24 de febrero de 2017

122. LA BARQUITA

Estábamos sentados en la orilla de Playa Grande, la arena se nos había metido por los zapatos y nos molestaba, también hacía frío. Pero esas minucias me daban igual, sólo me importaba el hecho de que estábamos juntos, de que había renunciado a muchas cosas por estar él y había merecido la pena. Vimos una barquita abandonada y decidimos adentrarnos con ella en el mar para ver si encontrábamos corales. Poco a poco, y sin darnos cuenta, nos adentramos demasiado y cuando nos quisimos dar cuenta era de noche, decidimos esperar a que amaneciera para volver, esa noche tuve un sueño muy extraño en el que teníamos cola de sirena y estábamos en una ciudad bajo el océano. Al despertarnos decidí lavarme con agua marina, para eso metí la mano en el agua y sin saber cómo mis piernas se convirtieron en cola de sirena. A veces los sueños, sueños no son.

Paulisticada




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